Cómo señala Lluís Viladrich, jefe de la sectorial del cereal de JARC, parece que el foco de la atención en este momento esté centrado en los agricultores y la siega, pero la tarea de prevención se tiene que hacer 365 días al año con una buena gestión de los bosques. Hay que recordar que de los 289 incendios que se declararon el 2020, solo 31 fueron causados por la actividad agraria, según los datos publicados por el Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural (DACC).
Los incendios o las inundaciones también acaban afectando la fauna salvaje que se pretende proteger con estas políticas de no intervención o dinámica natural. Es necesario ejercer un control de las poblaciones de animales salvajes, para proteger los productores de alimentos, y para mantener el equilibrio de los espacios naturales.
La falta de apoyo de la actividad agraria implica que, especialmente en determinadas zonas más marginales o desfavorecidas, este fenómeno vaya en aumento, y consecuentemente también sea mayor el riesgo de incendio al crecer la zona forestal sin el control necesario. La entidad pide al DACC, que actúe e implemente políticas que incluyan medidas para apoyar la actividad agraria, que servirán a la vez, no solo para hacer una labor de cortafuegos sino para luchar contra los incendios y otras consecuencias del cambio climático. Entre estas medidas, urge realizar un control de la fauna efectivo y limpiar los bosques y otros espacios naturales.